Pep Guardiola ya es historia. Cuatro años, 247 partidos y 14 títulos después, el paso del entrenador más exitoso del Barça bien merece un repaso más estadístico que sentimental. Porque si los recuerdos permanecen pero pueden, y suelen, ser tergiversados dependiendo del color con que se miren, los números nadie puede ocultarlos. Y si por si mismos son incuestionables, trasladados a esas odiosas comparaciones con su mayor, y acaso único oponente, descubren que cualquier crítica queda ridiculizada en mayúscula. Sin ninguna duda.
A Guardiola le agradecerán sus fieles haber ascendido hasta lo más alto a través de una apuesta firme; sus críticos deberán admitir el éxito y los rivales no podrán por menos que elogiar su paso por el fútbol, por cuanto deja un legado en todos los sentidos excepcional.
Pero aparte de todo ello, ahí están los números
Desde la temporada 2000-2001 y hasta la que se acaba de cerrar, el Real Madrid ha conquistado doce títulos con once entrenadores en el banquillo. Desde Vicente del Bosque (1999-2003) y hasta José Mourinho, el club merengue ha invertido la friolera de 1.131 millones en fichajes que le convierten en el club europeo que más ha gastado en potenciar su plantilla. Con ello se contemplaría que, independientemente de la importancia de cada título conquistado (1 Champions, 5 Ligas, 1 Mundial de clubs, 1 Supercopa de Europa, 1 Copa de España y 3 Supercopas de España), cada uno de ellos le habría significado un coste superior a los 94,2 millones de euros. Si eso se disminuye al periodo en que Guardiola ha dirigido al Barça la comparativa es todavía más exagerada. No sólo ha ganado más títulos el Barça en cuatro temporadas (14) que el Real Madrid en doce (12), sino que en estos cuatro años, el club madrileño ha invertido 487,6 millones de euros en fichajes para ganar tres títulos (Liga, Supercopa de España 2008 y Copa), lo que ofrece que cada título blanco ha tenido un coste superior a los 162,5 millones de euros. Al Barça de Pep, que también ha gastado lo suyo, cada uno de los 14 títulos le ha supuesto un gasto de 24,350 millones, por cuanto el total gastado en fichajes durante estas cuatro temporadas ha sido de 341 millones.
De Van der Vaart a Coentrao
En el verano de 2008, el Real Madrid de Ramón Calderón amplió su nómina de holandeses pagando 15 millones de euros por Van der Vaart. El Barça que había inaugurado la era Guardiola desembolsando 36 por Alves, cerró la primera vuelta liguera con doce puntos de ventaja sobre el campeón, que se reforzó entonces con Lassana Diarra y Huntelaar para acabar el campeonato nueve puntos por debajo, Juande en el banquillo en sustitución de Schuster y el recuerdo del 2-6 en el Bernabéu grabado a fuego. Desde entonces y hasta hoy, ya con Florentino Pérez en la presidencia tras la corta permanencia de Vicente Boluda, el Real Madrid sumó otros 405,4 millones de euros en 24 fichajes. Llegaron Cristiano Ronaldo, Kaká, Xabi Alonso, Benzema, Di María, Özil, Khedira, De León, Sahin, Varane o Coentrao con el objetivo de frenar la catarata de fútbol y títulos de un Barça que sin acertar precisamente mucho en el mismo asunto (ahí están los casos de Hleb, Keirrison, Chygrynsky, Cáceres o hasta Ibrahimovic) catapultó a lo alto la apuesta firme de la cantera, empezando por Busquets y Pedro y acabando por el futuro que deberían representar Cuenca, Thiago, Tello o Bartra y demás...
Pep Guardiola se marcha elogiado por todos cuantos entrenadores se han enfrentado a él. Incluso su alter ego, José Mourinho, no ha callado a la hora de hablar bien con la boca pequeña de quien más le ha amargado. De la alineación con que el Real Madrid ganó la Supercopa de España en agosto de 2008, aún con Schuster en el banquillo, sólo permanecen en la plantilla Casillas, Sergio Ramos y Pepe, amén de Higuaín y Marcelo que aquella noche estuvieron en el banquillo frente al Valencia. De la primera alineación oficial del Barça de Guardiola, en la ronda previa de la Champions frente al Wisla de Cracovia, permanecen Valdés, Alves, Puyol, Abidal, Xavi, Keita, Iniesta y Pedro, amén de Piqué, Messi y Pinto que no jugaron aquel primer encuentro el 13 de agosto de 2008.
Derrotado por el campeón
Desde entonces y hasta hoy, 247 partidos después, el Barça de Pep ha ganado 14 de los 19 títulos por los que peleó. Y si el dato no es suficientemente concluyente, es demoledor al comprobar que los cinco que se escaparon fueron ganados por los clubs que le derrotaron. Sevilla y Real Madrid le ganaron en la Copa de 2010 y 2011; el propio Real Madrid le ha quitado esta temporada el título de Liga y en la Champions el Inter que se llevó el título en 2010 le eliminó en las mismas semifinales que el Chelsea, también campeón, le ha dejado por el camino. Y es que la historia está ahí, tan clara que es necesario recordarla. Este es el legado del Barça de Guardiola. En fútbol y en números.
NOTAS DE UN FOROFO
Señora... Estamos en una misión de Dios
lunes, mayo 28, 2012
martes, mayo 22, 2012
Òscar García, adiós por la puerta de atrás
Sin cerrar su segundo año al frente del juvenil, Òscar abandona el Barça. En plena recta final de la temporada, con la Copa del Rey en juego, Òscar García se marcha a Israel, reclutado por Jordi Cruyff para instaurar en el Maccabi Tel Aviv esa filosofía futbolística que tanto ha calado. El fútbol del Barça pero fuera del Barça. El considerado mejor alumno de la última hornada de entrenadores del club seguirá su camino lejos de casa. Así son las cosas.
¿Así? no tan simples. Òscar entró en el Barça bajo el manto del 'Laportismo' y al 'Rosellismo' eso nunca le ha cuadrado. Después de una excepcional primera temporada al frente del juvenil ganándolo todo, fue durante unos instantes el entrenador elegido para sustituir a Luis Enrique en el Barça B, pero su nombramiento decidido en los despachos deportivos fue tumbado en los despachos institucionales y dándole una palmada en la espalda se le animó a seguir creciendo, diciéndole que se creía en él pero que el equipo filial se ponía en manos más expertas, las de Eusebio, porque no se quería dar el segundo equipo del Barça a un novel. Vaya, que las anteriores experiencias de Guardiola y Luis Enrique en el filial no eran válidas a ojos de la directiva.
Y el segundo año de Òscar García Junyent al frente del juvenil ya fue, ha sido, todo un vía crucis, a nivel personal y, también deportivo. Apuntado el equipo en la 'NextGen Series', una suerte de Champions de la categoría, al técnico se le negó la presencia de sus mejores chavales argumentando que los quería Eusebio en el segundo equipo. Y varios de ellos ni jugaron en un sitio ni tampoco lo hicieron en el otro. Lastrado en Europa, pero también en la Liga, el equipo se resintió y se despidió de Europa ante un Ajax que presentó un once con hasta cuatro chavales que habían tenido presencia ¡en el primer equipo! Con juveniles de primer año, pretender lo imposible era eso, imposible. Curiosamente, ni un directivo de la junta bajó a los vestuarios del Mini la noche en que el Ajax eliminó al Barça. Felicitaciones todas. Ánimos, ninguno.
Cuando aquello ocurrió ya habían pasado los días difíciles (que los tuvo) de Eusebio Sacristán en el banquillo del filial. Alguien le insinuó a Òscar que Eusebio dejaría el club a final de temporada y que ello, invariablemente, iba a suponer su nombramiento como entrenador del segundo equipo. Se filtró, incluso, la existencia de una reunión en la que al de La Seca le comunicaban la decisión de cerrar su etapa a final de temporada... Y en una semana lo que apareció fue todo lo contrario. A Òscar le seguían animando de cara al futuro, a pesar de un trabajo indiscutible con los chavales, y a Eusebio se le confirmaba para la próxima temporada al frente del filial.
A principios de diciembre el club le pidió que no dejase el trabajo. García Junyent había pedido cita para dar cuenta de tres ofertas del extranjero. El Manchester City, ahora ya puede decirse, le daba el mando del segundo equipo y la responsabilidad del juvenil. El mismo Patrick Vieira, desde el día que se enfrentaron ambos equipos, tenía marcado el nombre de Òscar. Y en Brighton se pensaba en él ante la marcha de Poyet. Y en Bélgica el Genk le abría las puertas para el próximo ejercicio si contestaba al club en ese momento. Pero Òscar, convencido por su propia inocencia, entendió que debía quedarse en el Barça, al menos hasta final de temporada. Todo eso antes de que ocurriera el tema de Eusebio, antes de que el barcelonismo se pasmase ante los sucesos que se repetían en la cantera. Antes de que a Òscar se le abriesen los ojos.
Y en cuanto el entrenador de Sabadell comprendió, entendió y descubrió que su perfil personal le cerraba más puertas de las que le podía abrir su currículum deportivo en el club, decidió su marcha. Y maldito el día en el que lo hizo saber a la entidad, puesto que allí empezó el principio del final, ya sin disimulo, con Dongou como último peón de una partida en su contra, llevándoselo al segundo equipo para jugar cinco minutos aquí y cero allá, desmoralizando a una plantilla de chavales que acabaron por dejarse la Liga en el último partido, de la forma más inesperada pero cruel. Error propio, de Òscar y sus chavales, desde luego. Pero, también, provocado por la gestión, por la persecución de la que ha sido objeto un entrenador que ha arrastrado a todo su vestuario.
Ahora ya hay quien dice, proclama, que Òscar García se va de manera 'poco caballerosa'. Hay quien dice que no ha tenido tacto con el club y los chavales. Da igual que el Maccabi le ofrezca una confianza que no ha contemplado desde hace muchos meses en el Barça y nadie cae en la cuenta de que después de tantos meses es él quien debe mirar por su futuro.
Òscar García, ahora, representa aquello que tanto se teme en el futuro inmediato del club: un excelente entrenador con una personalidad bien definida. Parece, de momento sólo parece, eso es algo que no está de moda en el Barça.
jueves, mayo 03, 2012
El país de Rosell, los silencios de Guardiola
'Han pasado muchas cosas que se han escondido por nuestro silencio' dijo Guardiola el miércoles por la noche, minutos después de ganar al Málaga y enlazando su felicitación al Real Madrid. Lo fácil, claro, era interpretar las palabras del entrenador en clave arbitral, en mirar a otras aceras y pretender rebajar el fondo de su discurso. Vale. 'Nuestro país lo está pasando mal, unos momentos de crisis en los que todos tenemos que colaborar, y el Barça tiene una responsabilidad social' respondió el jueves Sandro Rosell. El silencio. Ese es el silencio al que el miércoles pudo referirse el todavía entrenador del Barça, a quien se han dispuesto a dejar solo hasta el último minuto del último día.
Pareciera que el presidente del Barça no solamente ningunea al tipo que más títulos ha ganado en la historia del club, sino que se lo toma a cachondeo. Puro y duro. A Sandro le interesa hoy hablar de causas sociales, regalar 200.000 miserables euros en vez de exigir seis millones, de referirse al país olvidándose de sus socios, de clamar justicia social? y no de dar un puñetazo en la mesa ante las calumnias que se han multiplicado en contra de la entidad que dirige? y que debería defender por encima de todo. Así de vacío debe sentirse Pep. Y de asustado debería estar su sucesor en el banquillo, contemplando como en los despachos ocupa más hablar de nuevos estadios y de no cortar por lo sano insidias hacia la propia plantilla que ya hay quien sospecha son animadas desde más cerca de lo que pudieran algunos pensar.
'No queríamos un dinero por calumnias para el propio club. Ayudará a que más gente pueda disfrutar de todo lo que se recaude' afirma Sandro Rosell pasando por alto, con evidente menosprecio, que el club que preside lo forman más de 150.000 socios, 90.000 largos abonados, algunos (muchos o pocos) de los cuales tienen verdaderos problemas para mantenerse. Malabaristas de la economía doméstica que no cuentan para nada en el pensamiento de un presidente que mira más a Qatar que a Manresa y al que le interesa más su buena relación con Mediapro que con el abonado de Puigcerdà, Balaguer o Tortosa. Y que, por sus hechos les conoceréis, está más ocupado en sus sonrisas que en las lágrimas de su propio equipo.
'No había diferencia real como para estar a 13 puntos' advirtió Guardiola el miércoles por la noche. No hace falta investigar en demasía y basta con recordar lo sucedido en Mestalla, en Getafe o en Cornellà para adivinar que esos seis puntos perdidos en el limbo y silenciados por los despachos del propio Barça acabaron por ser una losa demasiado pesada. Picaduras de avispa mortales en una temporada repleta de accidentes en la que algunos ponían más énfasis en el error de Villa en Anoeta o en la Guardiolada de Pamplona que en los penalties de Mestalla o Cornellà mismamente. Ese silencio sepulcral, esa maldita y falsa buena educación silenciosa fue la que provocó, por ejemplo, que el Real Madrid se presentase en el Camp Nou con cuatro puntos de ventaja que, quizá, en circunstancias normales hubieran sido dos en favor del Barça. Sí, claro. Las excusas del perdedor. Las tristes quejas de quien no acepta la derrota y que desvía la atención para no felicitar como se debe al campeón.
Pep Guardiola, educado hasta la exasperación, espejo futbolístico que en apenas cuatro años ha conseguido se miren no pocos entrenadores de todo el mundo, levantó la voz por una vez para dar a entender esas 'cosas que se han escondido por nuestro silencio'. Y desde la más alta instancia del club, al día siguiente, se le dio cumplida réplica. Se habló, que grandilocuente, de la crisis de nuestro país.
Mezquinos. Hasta el último momento.
Pareciera que el presidente del Barça no solamente ningunea al tipo que más títulos ha ganado en la historia del club, sino que se lo toma a cachondeo. Puro y duro. A Sandro le interesa hoy hablar de causas sociales, regalar 200.000 miserables euros en vez de exigir seis millones, de referirse al país olvidándose de sus socios, de clamar justicia social? y no de dar un puñetazo en la mesa ante las calumnias que se han multiplicado en contra de la entidad que dirige? y que debería defender por encima de todo. Así de vacío debe sentirse Pep. Y de asustado debería estar su sucesor en el banquillo, contemplando como en los despachos ocupa más hablar de nuevos estadios y de no cortar por lo sano insidias hacia la propia plantilla que ya hay quien sospecha son animadas desde más cerca de lo que pudieran algunos pensar.
'No queríamos un dinero por calumnias para el propio club. Ayudará a que más gente pueda disfrutar de todo lo que se recaude' afirma Sandro Rosell pasando por alto, con evidente menosprecio, que el club que preside lo forman más de 150.000 socios, 90.000 largos abonados, algunos (muchos o pocos) de los cuales tienen verdaderos problemas para mantenerse. Malabaristas de la economía doméstica que no cuentan para nada en el pensamiento de un presidente que mira más a Qatar que a Manresa y al que le interesa más su buena relación con Mediapro que con el abonado de Puigcerdà, Balaguer o Tortosa. Y que, por sus hechos les conoceréis, está más ocupado en sus sonrisas que en las lágrimas de su propio equipo.
'No había diferencia real como para estar a 13 puntos' advirtió Guardiola el miércoles por la noche. No hace falta investigar en demasía y basta con recordar lo sucedido en Mestalla, en Getafe o en Cornellà para adivinar que esos seis puntos perdidos en el limbo y silenciados por los despachos del propio Barça acabaron por ser una losa demasiado pesada. Picaduras de avispa mortales en una temporada repleta de accidentes en la que algunos ponían más énfasis en el error de Villa en Anoeta o en la Guardiolada de Pamplona que en los penalties de Mestalla o Cornellà mismamente. Ese silencio sepulcral, esa maldita y falsa buena educación silenciosa fue la que provocó, por ejemplo, que el Real Madrid se presentase en el Camp Nou con cuatro puntos de ventaja que, quizá, en circunstancias normales hubieran sido dos en favor del Barça. Sí, claro. Las excusas del perdedor. Las tristes quejas de quien no acepta la derrota y que desvía la atención para no felicitar como se debe al campeón.
Pep Guardiola, educado hasta la exasperación, espejo futbolístico que en apenas cuatro años ha conseguido se miren no pocos entrenadores de todo el mundo, levantó la voz por una vez para dar a entender esas 'cosas que se han escondido por nuestro silencio'. Y desde la más alta instancia del club, al día siguiente, se le dio cumplida réplica. Se habló, que grandilocuente, de la crisis de nuestro país.
Mezquinos. Hasta el último momento.
viernes, abril 27, 2012
Adiós Guardiola. El triunfo de los mezquinos
Se acaba un ciclo. No el del Barça, aún, pero sí en el Barça. Pep Guardiola arroja la toalla. Más por desencanto que por cansancio; más por soledad que por agobio; más por decepción que por inseguridad. A Guardiola lo fichó Laporta y a Rosell se le marcha Guardiola. Estará, que se da por supuesto que lo está, cansado de la presión del entorno, fatigado de la dedicación salvaje que se obliga en el cargo, desesperado por recuperar tiempo para su familia y los suyos y, también, puede, dudoso de lo que le pudiera aguardar el futuro en un equipo que ha alcanzado la excelencia y transitado hasta la eternidad. Probablemente hay aspectos del vestuario (que muy posiblemente no se conozcan jamás con exactitud) que también le empujan a dar el paso. Desde futbolistas cuya entrega ha descendido del 100 al 80 y que suponen un mal trago, jugadores cuya identificación con el trabajo no es la esperada, y hasta sucesos extradeportivos como los sufridos por Tito Vilanova y Abidal que, quizá, le hayan hecho replantear algunas preferencias en su interior.
Pero en toda esta historia, en este final, también tiene un peso fundamental la gestión de la directiva del Barça. Muda a la hora de defender públicamente a sus jugadores, cobarde en el momento de dar un golpe en la mesa cuando se han puesto en duda merecimientos deportivos de su equipo, invisible ante faltas de respeto evidente. Guardiola sobrevivió con solvencia a la huracanada figura de Laporta porque, recluido en su vestuario, apenas nunca tenía que salir a apagar incendios. Se bastaba y sobraba el presidente para acoger en primera persona todos los golpes... y devolverlos multiplicados. Más allá de su gestión presidencial, social y económica. Laporta se salvó del naufragio en el último suspiro con el fichaje de Pep y de la misma forma que Pep se lo agradeció siempre, Jan le mantuvo alejado de los focos de la polémica. Pero en los dos últimos años la situación ha cambiado totalmente. Se fue Laporta, llegó Rosell y empezó el final.
Si bien es cierto que está por ver ese temor creciente en el entorno respecto a que Rosell gusta más de un entrenador que se plegue al club en vez de tener una personalidad e intervencionismo tan exagerados, lo que no es dudoso es que el presidente más votado de la historia del club sí ha fallado a su socio del banquillo. No sólo no ha frenado chascarrillos aquí y allí que sabía, sabe, molestaban al entrenador, sino que cuando se acusó, o se deslizó de forma cutre y vergonzosa, el tema del dopaje en el Barça, su reacción fue tan falsa como un duro sevillano. Los seis millones de euros que clamó exigir han quedado en una miseria y las personas que lanzaron las acusaciones ni han citado sus 'fuentes' ni han perdido privilegio alguno respecto a su relación con el Barça. Guardiola, que ha acabado por convertirse en el portavoz oficial del Barça por el nefasto trabajo del club al respecto, ha ido perdiendo fuerza por el camino en estos dos años. Y ganas de seguir.
Dolido sin disimulo por la humillación que Rosell infringió a Johan Cruyff retirándole la presidencia de honor apenas acceder al cargo, triste y enfadado por la acción de responsabilidad civil impulsada por esta directiva en contra de la anterior, que llegó a motivar incluso que el pasado mes de septiembre públicamente pidiera una paz que no le concedió el actual presidente, y cansado de comprobar como a pesar de los éxitos se siguen abriendo frentes interesados en contra de él o de su equipo de trabajo, Guardiola ha decidido parar. No tendrá una mala palabra para nadie y la misma sonrisa con que llegó será la que dejará a modo de despedida.
Pero en el fondo, quedará la sensación de que Rosell y los suyos le han traicionado o, por lo menos, le han vendido sin más. La última noticia lanzada por TV3 respecto a que el club le había puesto un 'cheque en blanco' para darle lo que pidiera en un nuevo contrato y, además, ofrecerle todo el poder, no hace más que corroborar que tenía, tiene, el enemigo en casa. Si daban por hecho que la decisión, para bien o para mal, estaba tomada... A qué viene filtrar esto? Fue el final del final. La forma más soez de cubrirse las espaldas y arrojar a los leones al entrenador. 'Si se queda se le podrá reprochar que es un pesetero y que ansiaba todo el poder; si se marcha se podrá decir que hicimos todo lo posible pero que es un desagradecido y un cobarde'. La última jugada, maquiavélica, de Rosell y/o de sus colaboradores demuestra muchas cosas. Bueno no, lo demuestra todo.
Adeu Pep. I gràcies
Malditos sean los que no han sabido, no han querido o no han podido prolongar este sueño futbolístico.
Pero en toda esta historia, en este final, también tiene un peso fundamental la gestión de la directiva del Barça. Muda a la hora de defender públicamente a sus jugadores, cobarde en el momento de dar un golpe en la mesa cuando se han puesto en duda merecimientos deportivos de su equipo, invisible ante faltas de respeto evidente. Guardiola sobrevivió con solvencia a la huracanada figura de Laporta porque, recluido en su vestuario, apenas nunca tenía que salir a apagar incendios. Se bastaba y sobraba el presidente para acoger en primera persona todos los golpes... y devolverlos multiplicados. Más allá de su gestión presidencial, social y económica. Laporta se salvó del naufragio en el último suspiro con el fichaje de Pep y de la misma forma que Pep se lo agradeció siempre, Jan le mantuvo alejado de los focos de la polémica. Pero en los dos últimos años la situación ha cambiado totalmente. Se fue Laporta, llegó Rosell y empezó el final.
Si bien es cierto que está por ver ese temor creciente en el entorno respecto a que Rosell gusta más de un entrenador que se plegue al club en vez de tener una personalidad e intervencionismo tan exagerados, lo que no es dudoso es que el presidente más votado de la historia del club sí ha fallado a su socio del banquillo. No sólo no ha frenado chascarrillos aquí y allí que sabía, sabe, molestaban al entrenador, sino que cuando se acusó, o se deslizó de forma cutre y vergonzosa, el tema del dopaje en el Barça, su reacción fue tan falsa como un duro sevillano. Los seis millones de euros que clamó exigir han quedado en una miseria y las personas que lanzaron las acusaciones ni han citado sus 'fuentes' ni han perdido privilegio alguno respecto a su relación con el Barça. Guardiola, que ha acabado por convertirse en el portavoz oficial del Barça por el nefasto trabajo del club al respecto, ha ido perdiendo fuerza por el camino en estos dos años. Y ganas de seguir.
Dolido sin disimulo por la humillación que Rosell infringió a Johan Cruyff retirándole la presidencia de honor apenas acceder al cargo, triste y enfadado por la acción de responsabilidad civil impulsada por esta directiva en contra de la anterior, que llegó a motivar incluso que el pasado mes de septiembre públicamente pidiera una paz que no le concedió el actual presidente, y cansado de comprobar como a pesar de los éxitos se siguen abriendo frentes interesados en contra de él o de su equipo de trabajo, Guardiola ha decidido parar. No tendrá una mala palabra para nadie y la misma sonrisa con que llegó será la que dejará a modo de despedida.
Pero en el fondo, quedará la sensación de que Rosell y los suyos le han traicionado o, por lo menos, le han vendido sin más. La última noticia lanzada por TV3 respecto a que el club le había puesto un 'cheque en blanco' para darle lo que pidiera en un nuevo contrato y, además, ofrecerle todo el poder, no hace más que corroborar que tenía, tiene, el enemigo en casa. Si daban por hecho que la decisión, para bien o para mal, estaba tomada... A qué viene filtrar esto? Fue el final del final. La forma más soez de cubrirse las espaldas y arrojar a los leones al entrenador. 'Si se queda se le podrá reprochar que es un pesetero y que ansiaba todo el poder; si se marcha se podrá decir que hicimos todo lo posible pero que es un desagradecido y un cobarde'. La última jugada, maquiavélica, de Rosell y/o de sus colaboradores demuestra muchas cosas. Bueno no, lo demuestra todo.
Adeu Pep. I gràcies
Malditos sean los que no han sabido, no han querido o no han podido prolongar este sueño futbolístico.
miércoles, abril 25, 2012
Barça. Esta grandeza no se compra
En tres días se perdió la Liga y la Champions. Pero en tres días se ha ganado la eternidad. Grande, enorme, en la victoria, el Barça, sin aparcar su filosofía futbolística, ha conocido el sabor de la derrota. Y, a la vez, ha demostrado al mundo del fútbol un carácter desconocido. Más allá de su juego, mejorable en el momento cumbre, ha enseñado que es un equipo, un club, una afición, que merece lo que ha vivido, que ha dejado aparcados los reproches y que está en el camino correcto.
El milmillonario Real Madrid tenía que conseguir un día u otro descabalgarr al Barça. Era, es, ley de vida. Y el fútbol es vida. No hay que darle más vueltas. Y, de la misma forma, ese Chelsea que tantas veces se arrodilló ante el rodillo del Barça tenía que vivir su noche de gloria. No es momento, no es lugar, para echar en cara el cómo. A su manera, el equipo inglés ha sabido frenar de cualquier manera al Barça. Le ha acompañado la suerte de una forma mayor a la que se puso de lado del Barça hace tres años porque el fútbol de unos y de otros, sin fanatismos, debe admitir que este equipo de Guardiola es tan superior al de Di Matteo como lo era con el de Hiddink o, también Mourinho. Pero lo ha conseguido. Y es de justicia felicitar al rival. El Chelsea jugará la final de Múnich. Que tenga suerte y el año que viene más.
Más porque a pesar de quienes quieran enterrar a este equipo, lo conseguido en estos años, lo ofrecido en estos meses, y lo peleado en estos días, debe por fuerza hacer crecer la autoestima de todos, TODOS, los que de una u otra manera se sienten próximos al Barça. Es el mismo equipo del 2-6 o del 5-0 al Real Madrid; el mismo que atropelló dos veces al Manchester United en Roma o Londres, el mismo que fue paseando por Europa una filosofía que ha calado de tal manera que hoy, más allá de un título más o menos, tiene la admiración del fútbol mundial.
Quien quiera sumarse al discurso del cambio de ciclo, quien quiera enterrar la grandeza de este Barça y añadirse al discurso tremendista que no hoy, pero sí en poco tiempo intentará hacer calar cierto entorno, que no cuente con nosotros. Los que vivimos en los años oscuros del barcelonismo sabemos lo que hoy tenemos. Los que disfrutamos en el sufrimiento de estar siempre un peldaño por debajo de la gloria, tenemos claro cual es el presente y cual debe ser el futuro. No podemos más que aceptar lo sucedido con la misma grandeza que hemos disfrutado de los éxitos. Y no debemos más que esperar a que el balón vuelva a rodar. Más allá de la final de la Copa de España ante el Athletic, más allá de cerrar el curso con tres o cuatro títulos, lo que habrá que hacer es repasar el libro de esta historia, darse cuenta donde está el Barça y, por encima de todo, sonreir y sentirse satisfecho.
Para todo lo demás. Ya estarán otros prestos y dispuestos. Gràcies Pep. Como acabó su rueda de prensa, 'Lo importante es intentarlo, es estar ahí, es mantenerte firme en la idea'. Y eso, innegociable, es el mayor y mejor éxito de este Barça.
El milmillonario Real Madrid tenía que conseguir un día u otro descabalgarr al Barça. Era, es, ley de vida. Y el fútbol es vida. No hay que darle más vueltas. Y, de la misma forma, ese Chelsea que tantas veces se arrodilló ante el rodillo del Barça tenía que vivir su noche de gloria. No es momento, no es lugar, para echar en cara el cómo. A su manera, el equipo inglés ha sabido frenar de cualquier manera al Barça. Le ha acompañado la suerte de una forma mayor a la que se puso de lado del Barça hace tres años porque el fútbol de unos y de otros, sin fanatismos, debe admitir que este equipo de Guardiola es tan superior al de Di Matteo como lo era con el de Hiddink o, también Mourinho. Pero lo ha conseguido. Y es de justicia felicitar al rival. El Chelsea jugará la final de Múnich. Que tenga suerte y el año que viene más.
Más porque a pesar de quienes quieran enterrar a este equipo, lo conseguido en estos años, lo ofrecido en estos meses, y lo peleado en estos días, debe por fuerza hacer crecer la autoestima de todos, TODOS, los que de una u otra manera se sienten próximos al Barça. Es el mismo equipo del 2-6 o del 5-0 al Real Madrid; el mismo que atropelló dos veces al Manchester United en Roma o Londres, el mismo que fue paseando por Europa una filosofía que ha calado de tal manera que hoy, más allá de un título más o menos, tiene la admiración del fútbol mundial.
Quien quiera sumarse al discurso del cambio de ciclo, quien quiera enterrar la grandeza de este Barça y añadirse al discurso tremendista que no hoy, pero sí en poco tiempo intentará hacer calar cierto entorno, que no cuente con nosotros. Los que vivimos en los años oscuros del barcelonismo sabemos lo que hoy tenemos. Los que disfrutamos en el sufrimiento de estar siempre un peldaño por debajo de la gloria, tenemos claro cual es el presente y cual debe ser el futuro. No podemos más que aceptar lo sucedido con la misma grandeza que hemos disfrutado de los éxitos. Y no debemos más que esperar a que el balón vuelva a rodar. Más allá de la final de la Copa de España ante el Athletic, más allá de cerrar el curso con tres o cuatro títulos, lo que habrá que hacer es repasar el libro de esta historia, darse cuenta donde está el Barça y, por encima de todo, sonreir y sentirse satisfecho.
Para todo lo demás. Ya estarán otros prestos y dispuestos. Gràcies Pep. Como acabó su rueda de prensa, 'Lo importante es intentarlo, es estar ahí, es mantenerte firme en la idea'. Y eso, innegociable, es el mayor y mejor éxito de este Barça.
jueves, abril 19, 2012
Chelsea, ¿final o principio?
Un remate a puerta en todo el partido, en ocasiones, tiene mayor incidencia que una veintena. Dos postes, cuatro intervenciones mayúsculas del portero, un balón sacado bajo palos... Un dominio enorme sin premio. Una derrota entre decepcionante y desalentadora. Pero para nada definitiva. Un área cerrada bajo siete llaves, con diez futbolistas defendiendo, al más puro estilo Inter o Manchester United, los dos últimos equipos que eliminaron al Barça en semifinales de la Champions pero trasladada al propio estadio del rival. Y el equipo de Guardiola dominador, paciente primero y estresado después pero siempre con personalidad. Y desafortunado. Y derrotado. Pero, para nada vencido.
Ni el Barça tiene asegurado el pase a la final jugando así como algunos pronostican (porque en Stamford Bridge se contempló que la suerte también juega) ni, tampoco, el Barça ha entrado en barrena y está al borde de la nada como otros se empeñan en creer. La decepción por perder un partido de ida de las semifinales de la Champions por 1-0 conduce a una reflexión extraña, porque todos, TODOS, los grandes clubs de Europa se darían con un canto en los dientes por alcanzar esta ronda durante cinco años consecutivos y todos, también, se darían por satisfechos con tener la posibilidad de disputar el partido de vuelta en su estadio con el reto de levantar este resultado.
Pero la lectura que no pocos hacen del choque de Stamford Bridge roza lo tremendista. Se escuchan o leen comentarios acerca de que los jugadores de Guardiola no se entregaron al mil por cien y se recuerdan épocas pasadas como si este equipo no hubiese dado en los últimos años motivos sobrados de confianza. Y, en el peor de los casos, motivos de comprensión. El martes será el momento definitivo y nadie puede haber que no confíe en este Barça porque ha respondido de manera absoluta en el último lustro. Si, por lo que sea, Cech, los postes o los errores evitan la clasificación, más que autocrítica exagerada quizá fuera el momento de recordar todo lo vivido para agradecerlo y advertir, como tantas veces se ha hecho, que el año que viene se volverá a intentar. Porque no siempre se puede ganar, porque no siempre la fortuna acompaña al que lo merece, porque, en fútbol, no pocas veces, los merecimientos se olvidan en el baúl de las derrotas.
Y, también, bueno sería que se le diera el peso justo al rival, algo que no aparece por ningún lado. A la extraodinaria actuación de Cech, a la presencia de Terry o Cahill, a la fuerza de Ivanovic, el recorrido de Ramires o las prestancias de Drogba, una especie de búfalo cuentista que tanto desquicia al rival por sus aptitudes teatreras como por su peligro. El Chelsea es un equipo menor futbolísticamente hablando que el Barça, pero ha alcanzado las semifinales de la Champions con un discurso concreto que ha sabido cambiar para acercarse a la final. Más que descalificar su apuesta bueno sería aprender de ella. Si pocos rivales, muy pocos, son capaces de frenar al Barça de Guardiola, el equipo inglés ha demostrado que puede aspirar a ello y la pelea final que se avecina el martes debería ser afrontada con esa conciencia.
La grandeza, convendría refrescarlo, se demuestra también en el momento de la derrota. En el caso de este Barça, mejor dicho, en el momento en que se le niega el triunfo. Y eso, hoy por hoy, trece títulos después, jamás debería ser acogido como un fracaso.
Ni el Barça tiene asegurado el pase a la final jugando así como algunos pronostican (porque en Stamford Bridge se contempló que la suerte también juega) ni, tampoco, el Barça ha entrado en barrena y está al borde de la nada como otros se empeñan en creer. La decepción por perder un partido de ida de las semifinales de la Champions por 1-0 conduce a una reflexión extraña, porque todos, TODOS, los grandes clubs de Europa se darían con un canto en los dientes por alcanzar esta ronda durante cinco años consecutivos y todos, también, se darían por satisfechos con tener la posibilidad de disputar el partido de vuelta en su estadio con el reto de levantar este resultado.
Pero la lectura que no pocos hacen del choque de Stamford Bridge roza lo tremendista. Se escuchan o leen comentarios acerca de que los jugadores de Guardiola no se entregaron al mil por cien y se recuerdan épocas pasadas como si este equipo no hubiese dado en los últimos años motivos sobrados de confianza. Y, en el peor de los casos, motivos de comprensión. El martes será el momento definitivo y nadie puede haber que no confíe en este Barça porque ha respondido de manera absoluta en el último lustro. Si, por lo que sea, Cech, los postes o los errores evitan la clasificación, más que autocrítica exagerada quizá fuera el momento de recordar todo lo vivido para agradecerlo y advertir, como tantas veces se ha hecho, que el año que viene se volverá a intentar. Porque no siempre se puede ganar, porque no siempre la fortuna acompaña al que lo merece, porque, en fútbol, no pocas veces, los merecimientos se olvidan en el baúl de las derrotas.
Y, también, bueno sería que se le diera el peso justo al rival, algo que no aparece por ningún lado. A la extraodinaria actuación de Cech, a la presencia de Terry o Cahill, a la fuerza de Ivanovic, el recorrido de Ramires o las prestancias de Drogba, una especie de búfalo cuentista que tanto desquicia al rival por sus aptitudes teatreras como por su peligro. El Chelsea es un equipo menor futbolísticamente hablando que el Barça, pero ha alcanzado las semifinales de la Champions con un discurso concreto que ha sabido cambiar para acercarse a la final. Más que descalificar su apuesta bueno sería aprender de ella. Si pocos rivales, muy pocos, son capaces de frenar al Barça de Guardiola, el equipo inglés ha demostrado que puede aspirar a ello y la pelea final que se avecina el martes debería ser afrontada con esa conciencia.
La grandeza, convendría refrescarlo, se demuestra también en el momento de la derrota. En el caso de este Barça, mejor dicho, en el momento en que se le niega el triunfo. Y eso, hoy por hoy, trece títulos después, jamás debería ser acogido como un fracaso.
jueves, abril 12, 2012
Cristiano Ronaldo, el flotador del Madrid
Se le podrán discutir sus maneras, su personalidad, sus gestos y hasta su peinado si se quiere, pero en cuanto a fútbol, Cristiano Ronaldo es un elegido. Quizá tenga la mala fortuna de haber coincidido en el tiempo con Messi, como Platini lo hizo con Maradona o no pocos cracks con Pelé o Cruyff en su tiempo, pero el portugués demuestra día tras día, partido a partido, que es un monstruo futbolístico. Y que con el paso del tiempo, a medida que avanza su carrera, crece su ascendente de manera exponencial. Sus escandalosas crifras goleadoras lo delatan sin disimulo pero, más aún, la manera con que se echa el equipo a la espalda descubre que la razón por la cual el Real Madrid está donde está se debe a su jugador franquicia.
Enfrascado en su guerra particular con Leo Messi, Cristiano parece decidido a superarse a cada prueba. Si el martes el argentino condujo al Barça ante el Getafe sin necesidad de alcanzar el sobresaliente, un día después, el portugués rozó la matrícula de honor en el Calderón, ante el Atlético de siempre, el rival derrotado de antemano en el derbi, el equipo atrapado en su propio infierno desde no sabe cuando en cuanto se cruza en el camino del Real Madrid. Esta vez le tuteó a través de Diego, con las apariciones de Arda, con la ilusión de Adrián... Pero nada es suficiente para los colchoneros. Si al derrumbe de Courtois y a la inoperancia de Godín (dicen que era bueno en el Villarreal) y Perea (sobran comentarios), se suma el hambre caníbal de Cristiano Ronaldo sobran muchos comentarios más.
No hace falta, o sí, apuntar que Benzema fue una sombra, que Di María apenas existió, que Ozil pasó como un fantasma, que Kaká volvió a evidenciar su cuesta abajo o que de Xabi Alonso hubo pocas noticias. Ante la invisibilidad de los demás supuestos solistas del líder, emergió la figura de su director de orquesta de manera mayúscula. Cristiano se bastó, se basta, para empujar al Real Madrid y mantenerlo a flote en el momento cumbre. Falta por ver si será suficiente ante el agobio constante al que el Barça parece decidido a castigarle y, desde luego, si el Levante no es capaz de obrar el milagro, el choque de trenes que se avecina en el Camp Nou promete ser el más brutal que se recuerda.
Pero ante todo ello, si Messi sigue dando muestras de su incuestionable papel de número uno mundial vestido de azulgrana, Cristiano Ronaldo responde con una autoridad, brutalidad y hasta terquedad que merece el aplauso del fútbol. Con el balón por medio, al 7 del Real Madrid no se le puede discutir. Sus maneras son otra cuestión distinta. Pero una cosa no debe ocultar la otra.
Y no debe extrañar, tampoco, que Mourinho se calle. ¿Qué podría decir con un mínimo de cordura después del espectáculo del Manzanares? ¿Admitir que sin Cristiano no hay paraíso?
Enfrascado en su guerra particular con Leo Messi, Cristiano parece decidido a superarse a cada prueba. Si el martes el argentino condujo al Barça ante el Getafe sin necesidad de alcanzar el sobresaliente, un día después, el portugués rozó la matrícula de honor en el Calderón, ante el Atlético de siempre, el rival derrotado de antemano en el derbi, el equipo atrapado en su propio infierno desde no sabe cuando en cuanto se cruza en el camino del Real Madrid. Esta vez le tuteó a través de Diego, con las apariciones de Arda, con la ilusión de Adrián... Pero nada es suficiente para los colchoneros. Si al derrumbe de Courtois y a la inoperancia de Godín (dicen que era bueno en el Villarreal) y Perea (sobran comentarios), se suma el hambre caníbal de Cristiano Ronaldo sobran muchos comentarios más.
No hace falta, o sí, apuntar que Benzema fue una sombra, que Di María apenas existió, que Ozil pasó como un fantasma, que Kaká volvió a evidenciar su cuesta abajo o que de Xabi Alonso hubo pocas noticias. Ante la invisibilidad de los demás supuestos solistas del líder, emergió la figura de su director de orquesta de manera mayúscula. Cristiano se bastó, se basta, para empujar al Real Madrid y mantenerlo a flote en el momento cumbre. Falta por ver si será suficiente ante el agobio constante al que el Barça parece decidido a castigarle y, desde luego, si el Levante no es capaz de obrar el milagro, el choque de trenes que se avecina en el Camp Nou promete ser el más brutal que se recuerda.
Pero ante todo ello, si Messi sigue dando muestras de su incuestionable papel de número uno mundial vestido de azulgrana, Cristiano Ronaldo responde con una autoridad, brutalidad y hasta terquedad que merece el aplauso del fútbol. Con el balón por medio, al 7 del Real Madrid no se le puede discutir. Sus maneras son otra cuestión distinta. Pero una cosa no debe ocultar la otra.
Y no debe extrañar, tampoco, que Mourinho se calle. ¿Qué podría decir con un mínimo de cordura después del espectáculo del Manzanares? ¿Admitir que sin Cristiano no hay paraíso?
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